Acabo de volver del punto limpio de mi barrio. Llevaba tiempo queriendo reciclar un par de bombillas y por fin había encontrado el momento para ir a tirarlas al contenedor apropiado… pero resulta que no se puede reciclar cualquier bombilla: las tradicionales (vale, mea culpa por no haber cambiado la que me había puesto mi casero a una de bajo consumo) y las fluorescentes pequeñas y redondas NO se pueden reciclar.

Así que las bombillas a la antigua usanza no sólo son malas porque consumen mucho más, sino que luego no tienes más remedio que tirarlas a la basura general junto con desechos orgánicos (en la capital no hay opción de compost).

Y yo que llevaba ni se sabe cuánto tiempo guardando las dos bombillas en casa para poder reciclarlas… “Le pasa a mucha gente”, me ha comentado la encargada del punto limpio. De paso, ya me ha explicado cómo deben las bombillas aptas para “renovarse”: sólo las de bajo consumo (que se distinguen porque entre la rosca y el cristal de la bombilla hay una especie de banda de plástico que une ambas partes -buen consejo de la técnico-) y las fluorescentes de tubo.

Qué decepción…