Camino de Santiago
Created by admin on 06 Oct 2008 | Tagged as: Uncategorized
El Camino de Santiago es una experiencia inolvidable, una aventura que te desconecta del mundo acelerado en el que vivimos y te recuerda la esencia de lo que somos.

10 Consejos prácticos para que el Camino de Santiago no se te haga cuesta arriba
1. Entrénate un poco con antelación. Bastará con caminar unos cuantos kilómetros los fines de semana anteriores a comenzar la aventura.
2. Traza una ruta que esté abierta a cambios sobre la marcha, puesto que pueden surgir problemillas como el dolor en una pierna, una bota rota, ampollas puñeteras… (Hazte con una buena guía. La de El País Aguilar es muy completa y está actualizada.)
3. Los primeros días deben ser tramos más suaves, con poco desnivel y menos kilómetros. Entre 20 y 25 km diarios es una cifra perfectamente factible para los que no hacemos senderismo habitualmente. A ese ritmo puedes hacer el tramo Astorga-Santiago (263km) en doce días de forma relajada, con alguna etapa más cortita.
4. No fuerzes el cuerpo. Haz una pequeña parada cada 50-60 minutos para reponer fuerzas.
5. Bebe mucha agua, pero de forma espaciada para que no te entre flato. Y lleva comida energética como barritas muesli o frutos secos.
6. Si no vas con coche de apoyo, lleva el equipaje justo. Tu macuto no debe pesar más del 10% de tu cuerpo. Llévate 3 ó 4 mudas a lo sumo: te compensará tener que lavar ropa (en muchos albergues hay lavadoras), si con eso reduces el lastre que llevas a tu espalda. Además, la comida la puedes ir comprando cada día. También hay “menús del peregrino”.
7. Si mientras caminas empiezas a estar harto, no te obsesiones con “cuánto queda para llegar”. Los recursos más fáciles son ponerte a cantar (aunque sea para ti mismo) o contar chistes.
8. Incluye alguna crema o loción antigarrapatas y antipicaduras en general en tu botiquín. No tienen por qué picarte, pero más vale prevenir que curar. Sobre todo, porque algunos albergues no están todo lo limpios que deberían.
9. La mayoría de los albergues están bien, pero los privados –que cuestan entre 6 y 9 euros- frente a los públicos -de 3 a 5 euros- suelen tener instalaciones más modernas y cuidadas. Concédete el “capricho” de vez en cuando, especialmente a la llegada a Santiago, donde incluso hay pensiones en pleno centro por 11 euros cada persona.
10. Si vas en julio y en agosto, puede que te encuentres con una marabunta de peregrinos, especialmente cuanto más cerca estés de Santiago de Compostela. Levántate a las 6 de la mañana para no quedarte sin alojamiento en tu siguiente destino (hay algunos que se levantan a las 5, pero después les adelantas mientras ellos se toman tranquilamente un café en algún bar del Camino).

Lo que no te puedes perder
- Cuando camines, habitualmente dejarás el sol a tu espalda, puesto que caminarás hacia el oeste. Pero no olvides echar un vistazo hacia atrás al amanecer: te puedes encontrar con un espectáculo precioso en el cielo. Por ejemplo, ya llegando a Santiago, a la altura del mojón kilométrico 13 (los kilómetros ya no se corresponden exactamente con estos indicadores, por los cambios que ha sufrido la ruta a través de los años).
- En Melide es casi obligatorio hacer un alto en el Camino para tomar pulpo a feira. ¡Ñam! Sabe a gloria, incluso a las 10 de la mañana.
- Los finales de etapa marcados por las guías suelen apelotonar a más peregrinos de los necesarios. Otros pueblos y albergues menos conocidos como Molinaseca o Ribadiso da Baixo te sorprenderán.
- El Monasterio de Samos exige un ligero desvío de 5 kilómetros de la ruta más corta, pero merece la pena. Se trata de una edificación enorme en medio de un valle, tan sólo rodeado por unas pocas casas.
- Charla con otros peregrinos que te encuentres. Te enterarás de historias impresionantes y conocerás a gente increíble, como por ejemplo un belga que volvía a su casa andando. De allí había partido cuatro meses y medio atrás y había atravesado media Europa para llegar al campo de las estrellas que es Santiago de Compostela, seguir después hasta Finisterre y de allí a Fátima.

En Santiago
Resérvate un día, además de la jornada de la llegada, en Santiago. Has dedicado muchos días a llegar a tu meta y sería una pena abandonar la ciudad del apóstol precipitadamente.
La catedral merece un par de horas de dedicación y durante la misa del peregrino (todos los días a las 12) podrás ver el famoso botafumeiro en movimiento, un auténtico espectáculo y un placer para la vista. Parece increíble lo milimetrado que está para que no choque contra el techo. Por otra parte, tampoco puedes olvidar las tradiciones: los tres golpes con la cabeza contra la columna del pórtico de la Gloria y pedirle los correspondientes deseos al Apóstol, a quien puedes ir a abrazar por detrás del altar. Son actos bonitos y emotivos, tanto para creyentes como para los que no lo son.
Por cierto, que como al día siguiente no te vas a pegar la paliza caminando ni madrugando, puedes hacer una salida nocturna. Cuando oscurece, en la plaza del Obradoiro bajo los soportales del Ayuntamiento y la Xunta de Galicia siempre hay una tuna cantando para los visitantes. Después te puedes montar sobre dos ruedas para realizar tu particular Rally Paris-Dakar. Sí, sí, y es que una calle colindante –la rúa do Franco- hay un bar de copas y tapas detrás de otro: el de un extremo se llamaba como la capital francesa (ahora ya ha cerrado) y en el otro extremo nos podemos plantar en la ciudad senegalesa para seguir celebrando la llegada a Santiago.
Si te queda algo de tiempo antes de volver a casa, vale la pena que vayas a Finisterre (en tren o coche de alquiler). Allí es donde está el verdadero kilómetro cero de la ruta, donde hace siglos desembarcaron con el cuerpo del Apóstol antes de llevarlo a la ciudad compostelana. Realmente te dará la impresión de haber llegado al final de la tierra, una sensación curiosa especialmente si hay mucha niebla.